En este blog queremos hablaros de un símbolo muy especial que nos acompaña cada día, la flor modernista que forma parte de nuestro logotipo.
Esta flor no es un diseño cualquiera. La recuperamos de una antigua hoja de carta de 1915 de Agustí Badia, el fundador de la vinagrería y primera generación de nuestra familia. Su trazo delicado y de inspiración modernista ya dejaba entrever la atención por los detalles y el gusto estético que siempre han marcado el carácter de nuestra casa. Por eso nos gusta decir que este elemento gráfico no es solo una flor, sino una herencia emocional.
Reconectar con nuestros orígenes
Recuperarla ha sido una manera de reconectar con nuestros orígenes. A menudo hablamos de innovación, de nuevos productos y formatos, pero la identidad de una empresa con historia también se construye a partir de estos pequeños detalles que perduran en el tiempo.
Esta flor nos recuerda de dónde venimos, qué camino hemos recorrido y qué queremos preservar mientras seguimos creciendo.


No hemos podido identificar con exactitud a qué especie pertenece. Quizás sea una flor de margen, de esas plantas consideradas «malas hierbas», pero que crecen libres y resilientes… Y tal vez por eso mismo nos representa tanto: por su sencillez, fuerza y belleza natural.

Hoy, la flor modernista está presente en todos nuestros productos, tanto en los vinagres Gardeny como en los vinagres de la gama Badia. También forma parte de nuestro espacio de trabajo. La llevamos serigrafiada en la ropa, impresa en las etiquetas y pintada en las paredes de la vinagrería. Es un símbolo de pertenencia, de equipo, de un proyecto compartido que bebe del pasado para seguir mirando hacia el futuro con ilusión y compromiso.
Por eso empezamos el año reivindicando este pequeño gran símbolo que, aunque no conozcamos su origen exacto, es muy especial para nosotros.